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Antonio Machado. Campos de Castilla

Cátedra, 1999

Me parce complicado hablar de un libro que no puedes resumir convencionalmente, así que se hará torpemente. Es reseñable mi equivocación al haber comenzado leyendo Campos de Castilla y no Soledades. Galerías. Otros poemas teniendo ambos en mi casa, pero tenía buenas referencias del que al final salió como elegido y lo importante es que no me arrepiento. (Ya tendré tiempo de ponerme con el primer libro de Machado.)
El volumen —precedido por una extensa introducción que sirve de excelente guía de lectura para un primer contacto— se divide en dos secciones más los apéndices, entre los cuales destaca, por su belleza, una nota necrológica en prosa dedicada a Francisco Giner de los Ríos.
La mayoría de los poemas de Campos de Castilla, al menos los más elaborados, bien ofrecen una descripción de paisajes con los que el poeta, evidentemente, está vinculado, bien son una suerte de valoración del pueblo español.

La única razón por la que voy a ilustrar el segundo tema de los mencionados con el siguiente ejemplo es porque es políticamente incorrecto y me hace especial gracia. Por lo demás, es un poema que ni siquiera aparece a partir de la tercera edición y en la que yo he manejado figura en los apéndices:

En esta España de los pantalones
lleva la voz el macho;
mas si un negocio importa
lo resuelven las faldas a escobazos.

«La tierra de Alvargonzález», de la que hay una versión en prosa, sería un ejemplo más claro de lo arriba dicho, pero por su extensión no la reproduciré aquí, aunque he de confesar que es de los poemas que más me han gustado.
De otra parte quedan los temas gnómicos y diálogos con Dios que ocupan la mayor parte de «Proverbios y cantares» y «Parábolas». No obstante, a lo último que voy a hacer referencia es a los poemas inspirados en la muerte de Leonor:

Dice la esperanza: un día
la verás, si bien esperas.
Dice la desesperanza:
sólo tu amargura es ella.
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra. (1)

Más conocido es «A un olmo seco», en cuyos tres últimos versos puede leerse también una referencia a su esposa, si bien en este caso todavía no ha muerto.
Entre los elogios también merece la pena destacar alguno, como «A la muerte de Rubén Darío» o «Desde mi rincón», del que pondré aquí la segunda parte que me servirá, por otra parte, para confesar mi admiración (conocida por algunos) hacia José Martínez Ruiz (la negrita es mía):

Oh tú, Azorín, que de la mar de Ulises
viniste al ancho llano
en donde el gran Quijote, el buen Quijano,
soñó con Esplandianes y Amadises;
buen Azorín, por adopción manchego,
que guardas tu alma ibera,
tu corazón de fuego
bajo el recio almidón de tu pechera
—un poco libertario
de cara a la doctrina,
¡admirable Azorín, el reaccionario
por asco de la greña jacobina!—;
pero tranquilo, varonil —la espada
ceñida a la cintura
y con su santo rencor acicalada—,
sereno en el umbral de tu aventura!
¡Oh tú, Azorín, escucha: España quiere
surgir, brotar, toda una España empieza!
¿Y ha de helarse en la España que se muere?
¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?
Para salvar la nueva epifanía
hay que acudir, ya es hora,
con el hacha y el fuego al nuevo día.
Oye cantar los gallos de la aurora.

(1) Llevo varios días queriendo leerte este poema que considero de lo mejor que ha escrito Antonio Machado, pero cada vez que hablamos se me olvida. Por ello está puesto aquí, para que puedas leerlo.
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Por qué no pienso votar.

Desde que, en diciembre, me tocó cumplir dieciocho años he estado reflexionando sobre cómo emplear mi derecho a participar en la vida política de éste nuestro país, y en tan sólo cinco meses mi opinión ha ido desde tomármelo a broma (por la falta de fe en los resultados, cualesquiera que éstos fueran) o intentar decantarme por una posible opción correcta hasta pasar olímpicamente de todos (por cuánto me repugnan todas las opciones que hay). Voy a reseñar todas las cuestiones que me sugiere ese asunto en un mensaje que no leerá nadie porque se me va a quedar largo con el fin de hacer algo útil. La abstención está mal vista y hoy me tocan la moral ciertos adjetivos.

I. CANDIDATI

Unos 16 en total. Voy a tratarlos en orden alfabético, por simple comodidad.

  1. Centro Democrático Liberal

  2. Son herederos del partido creado por Adolfo Suárez. Lo malo que tiene el centrismo es que es muy dado a arrimarse al lado que más le convenga para tirar por donde sea.
    Reducir la crispación política puede llevar a eliminar el diálogo del «y tú más» que se ha puesto de moda en el Congreso, pero también lleva irremediablemente a adormilarse. Por otra parte, dos partidos políticos actuales de tendencias opuestas para ponerse de acuerdo deberían hacer una amalgama de propuestas que convertiría España en un caos; es preferible que se lleven mal.
    Tienen de bueno que son partidarios de las listas abiertas, pero como no se cambien las leyes —y eso le corresponde a los que salgan en las elecciones del año que viene— lo tienen difícil, y hablar es muy bonito... menos cuando se miente, cambiando de tema. No tiene mayor importancia, pero podrían guardarse la estulticia y no decir que son el único partido donde se practica la democracia interna, porque votaciones internas hay, si no en todos, sí en un grueso número de partidos.

  3. Coalició(n) Valenciana

  4. A mí con esta muestra de pensamiento ilustrado me basta para echarlos a la hoguera, pero seré un poco más extensa y hasta intentaré (si me dejan) dar razones no lingüísticas.
    Me voy a quedar a gusto con dos parágrafos que se desautorizan por sí solos sacados de su discurso fundacional y, puesto que lo veo innecesario, no haré más comentarios. (La cursiva es mía.)

    Por eso nos definimos como foralistas, por que queremos que el Reino de Valencia se mantenga como lo que siempre ha sido, una comunidad propia y diferenciada, integrada desde hace cinco siglos en la monarquía común que aglutina las aspiraciones de autogobierno de las diferentes tierras de España que nacen de sus históricas señas de identidad peculiares y diferenciadas.

    O acabamos con la Academia Valenciana de la Lengua y quitamos el Catalán definitivamente de las escuelas y universidades, o este pueblo perderá definitivamente su conciencia y personalidad. O recuperamos el sentimiento valencianista o lo que quedará de esta gloriosa Comunidad será tan solo un recuerdo manipulado de su historia.


    Si quieren las razones históricas o filológicas —aunque estas últimas pueden resumirse en que se suicidan— por las cuales digo que se desautorizan ellos solos, ladren, que yo gustosamente las expongo.

  5. España 2000

  6. Éstos sencillamente dan miedo, y eso que yo tiendo a ser muy conservadora para según qué cosas. Me explico:

    He intentado encontrar el mítico archivo de audio de la propaganda que se lanza a través de la página principal, pero no ha habido suerte. Pueden entrar y escucharlo igualmente, que es bastante divertido, aunque supongo que el «Moros no, España no es un zoo» es equiparable, aunque sea de hace ya algunos años.
    Huelga los líos de prostitución que ha habido con el presidente y varias denuncias.
    En fin, que son poco más o menos el NSDAP de la España castiza.





  7. Esquerra Republicana del País Valencià

  8. Estos van con los amigos del segundo puesto: en el grupo de los hábiles. Desde reclamar la Dama de Elche (yo quiero que los gabachos nos devuelvan a la Marquesa de la Solana) hasta el sí als Països Catalans.

  9. Compromís pel País Valencià (Esquerra Unida, Bloc, Els Verds, Izquierda Republicana)

  10. Toma coalición. Aquí de verdad que no sé cómo hacerlo para no meterme ya con todo el mundo. Como tengo sueño y quiero extenderme con los dos partidos que tienen posibilidades de ganar, solamente diré que me parece un tanto complicado que se entiendan comunistas que pactan con el PSOE, independentistas que lo hacen con el PP, ecologistas que pactan con independentistas, etcétera.

  11. Falange Auténtica

  12. A ver, aquí se me plantea un problema. Son la derivación de la FE más de izquierdas. Su planteamiento económico se aleja mucho del capitalismo asociado con la derecha a la vez que se acerca al comunismo y al menos de cara a la galería parecen respetar bastante las tendencias individuales. Ahora bien, con ese nombre ha sido la última que se me ha ocurrido ojear. Ni idea de si realmente esos son sus proyectos. De todas formas, soy reacia a todo lo que huela a comunismo porque Camboya me trae malos recuerdos, aunque también me cuesta imaginarme a José Antonio con una hoz.

  13. Ciudadanos por la República

  14. Otros que hablan de autodeterminación, de pueblos, de memoria histórica y de derogación de constituciones. Los partidos que se parecen a los alumnos de filología catalana de la UA aburren y matan a los peines.

  15. Partido Comunista

  16. Aparte de que ya he dicho que directamente rechazo el comunismo y me repito más que la historia, odio profundamente el feminismo panfletario y estos muchachos que llevan décadas peleándose entre ellos se llevan la palma.

  17. Partido Humanista

  18. Aquí al menos hay buenas intenciones, pero juguetean mucho con cosas irrealizables e innecesarias. Entre otras, proponen que a cada paciente se le dediquen diez minutos de atención, no sé si con la intención de acelerar las consultas de la seguridad social o de que no te despachen nada más verte la cara. (¿Y por qué si tengo algo grave sólo me pueden ver diez minutos? ¿Y por qué si la abuela de turno se va a quejar de que parece que le molesta la uña del dedo anular del pie derecho tiene que hacernos perder el tiempo a los demás?)
    De todas formas, no es eso. Yo no soy partidaria de que todo lo dirija el gobierno. No veo por qué no debe haber hospitales privados y hospitales públicos. Mientras se asegure el buen funcionamiento de éstos, aquéllos tienen todo el derecho del mundo a existir. ¡Qué hostias! YO tengo todo el derecho del mundo de decidir si me quiero gastar 100 euros en que a mi hijo le ponga la escayola alguien de mi confianza. Luego está el Banco Municipal sin intereses, que estaría muy bien, ¿pero de qué se va a sustentar? ¿Del aire? En fin, me parece inverosímil.

  19. PP

  20. Aquí tenía ganas de llegar, pero no me voy a extender mucho porque, a pesar de que podría hablar del desastre cultural que están haciendo, de que tienen más cara que espalda y de que ya la liaron bastante con el escándalo de Terra Mitica como para que sigan eternamente teniendo poder, este año lo han puesto fácil ya que «Luis Díaz Alperi [actual alcalde], la concejala de Urbanismo, Sonia Castedo, y el concejal de Tráfico, Luis Concepción, son investigados por la Fiscalía Anticorrupción por presunta prevaricación y malversación en la adjudicación de tres aparcamientos subterráneos» según El Mundo, que no es un periódico de izquierdas precisamente.

  21. Partido Social Demócrata

  22. Uno de esos partidos que sobrestima al ciudadano. De momento no tienen programa, sólo un esbozo sobre la vivienda y poco más. Pretenden crearlo a través de la opinión que envíen a través de Internet los ciudadanos. Los mismos ciudadanos que se atan a un color y de ahí no los mueven ni a tiros. Ilusos.

  23. PsoE

  24. Amigas y amigos, compañeras y compañeros: primero de todo que se han lucido poniendo en sus listas a Joan Ignasi Pla pero lo que me llena de rabia es que tengan planeado desde semanas antes de las elecciones que, de no conseguir votos suficientes para tirar a Alperi del Ayuntamiento, harán coalición con Esquerra Unida y amigos para conseguir su propósito, cosa que sé porque tengo familia metida en ese partido y me voy enterando de lo que pasa. Me parece que ese embuste (ay del nacionalista que vote al EU porque confíe en los del Bloc) los coloca por debajo del PP, que ya es difícil.

  25. Apéndices

  26. Meto en este último grupo los dos partidos sin página web sobre los que no se puede saber nada (Centro Liberal y Centro Liberal Renovador) y tanto a Unió Valenciana como a Units x Valéncia; unos por la chorrada de consumir productos valencianos (¡vamos a tomar sidra en Nochevieja para no tomar Freixenet! pero a la inversa) y los otros por la gilipollez de hacer la mezcla más hortera de la historia en el nombre del partido.


II. CONCLVSIO

Creo que mi descontento es bien visible y que, por tanto, sólo quedan dos opciones. El voto en blanco lo descarto porque ni estoy de acuerdo con los partidos ni con el sistema. Bien sabido es por mis lectores que defiendo la propuesta de Pío Baroja y algunos otros contemporáneos suyos.

Finalmente, como nota bene, quiero decir que, aunque lo más plausible es que me quede mañana en casa, todavía no es algo que sea seguro. Lo que pretendo es que, de no ir a votar, aunque se me critique, al menos no quepan dudas de por qué no lo hago.
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Camilo José Cela. La familia de Pascual Duarte

Destino, 1984

El comunista éste (juego con las iniciales del escritor) a pesar de ser un bocazas escribía bien. Eso me habían dicho y me he dispuesto esta semana a comprobarlo. Y parece ser que es cierto. No es una obra maestra, tiene partes cuanto menos ininteligibles, pero sobrecoge. Así, cumple con bastante acierto su cometido.
Tiene fama de ser una obra desagradable y mostrar sin escrúpulos escenas violentas. Mentira. ¡Atroz mentira! Si acaso al principio: la muerte de un perro de caza. Pero todavía no se ha entrado en terreno de tensión y cuando se hace las descripciones son sutiles. Conmueve más lo que sucede por la mente de Pascual Duarte en los momentos previos a la muerte de su madre que el forcejeo que tendrá lugar después.
Tan sólo en las primeras páginas me resultó extraño el lenguaje. Luego, no sé si por costumbre o porque no era para tanto, no he visto muchas incongruencias entre el estado social del que narra y el lenguaje que Cela pone en su boca. Tampoco he soportado nunca la excesiva aproximación al lenguaje callejero y ver cada cuatro páginas reló me produce algunas náuseas, así que prácticamente se agradece el lenguaje cuidado aunque reste verosimilitud.
Sin llegar al extremo de identificarme con ningún personaje, entiendo bastante bien el modo de actuar del protagonista. De hecho yo habría sido peor que él. Habría podido escribir en esas cuartillas: «Yo, señor, sí soy mala, aunque no se me presenten motivos para serlo.»
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Qué pocas balas y cuánto gilipollas.

Esta mañana he acompañado a mi madre al banco. Era uno de esos conocidos que anuncian por televisión, así que ahorro publicidad gratuita y omito cuál era. La hilera de personas era más larga que un día sin pan, conque me dirijo a uno de los sillones azules y comienzo a leer un libro mientras espero a que la atiendan. Ni siquiera me paré a echar un vistazo a la gente que había a mi alrededor, cosa que suelo hacer bastante a menudo.
Al poco escucho que uno de los interventores estaba hablando y alzaba la voz más de lo normal. No, no hay ningún incendio, es que parece ser que depositar dinero en no sé qué sitio aportaba altos intereses y esas cosas que no tienen interés y son propias del lugar en el que estaba. Qué se le va a hacer. Intento seguir con mi lectura, trato de concentrarme y armonizar ese volumen de voz con el del resto de los ruidos ambientales. Empiezo a ponerme caliente y por desgracia va a ser que mi libido sigue igual que cuando entré al banco.
A los cuarenta segundos una sombra oscura hace que mi vista tenga que volverse a levantar del papel y descubro DOS abortos fallidos a mi alrededor. El primero era el niñato que me había molestado. El segundo, evidentemente, era su puta madre.

Hago un esfuerzo por comprender.

Yo comprendo que no puedo eliminar a toda la gente que me rodea. Yo comprendo que la gente es normal que hable y más si están en fila india y se aburren como ostras. Yo comprendo que los niños se mueven. Yo comprendo que los jóvenes son irresponsables. Yo no comprendo que no haya un carnet para tener hijos igual que tenemos un carnet para conducir. Yo no comprendo que no se hagan exámenes al nacer para ver si se puede dejar a determinadas cosas que carguen con la responsabilidad de hacer que aumente la especie humana. Y muy especialmente —atención, aquí es cuando me salgo de lo políticamente correcto— no entiendo cómo, si forma Vd. parte de un grupo social que por ventura o desventura está mal visto, no lleva un mínimo de cuidado para que la gente cuando vea cómo se comporta no piense: «no me extraña, [X] tenía que ser». Dejo a mis lectores el pasatiempo de descubrir qué se esconde bajo esa antepenúltima letra del alfabeto.

Pienso que el niño se va a abrir la cabeza, porque ha dado ya once vueltas a una columna con la lengua fuera. Pienso, claro está, que es gilipollas y que su madre merece morir por no enseñarle un mínimo de disciplina y saberse comportar. Es que son niños. No, perdone, es que no son animales. A la muchacha le toca su turno y, pasando olímpicamente del niño (¿será que no es su madre?), se dirige a la ventanilla. El niño entretanto está tumbado en el suelo, jugando a ser una croqueta y pasearse bajo ese disfraz por todo el banco, llegando a esconderse detrás de las ventanillas que hay al otro lado. El niño era el niño escoba, para ser claros. La chica termina. Se da la vuelta y se dirige a la puerta con la misma actitud de no pertenecer a este mundo que ha ido antes a que la atendiesen (¡no es su...!) y se gira para pronunciar un nombre y esperar a que el niño-monstruo vaya a su lado. Y salen (sí, sí que era su madre) los dos muy formales con cara de gilipollas, propia del tamaño de su cerebro.
No me extraña que haya tantas niñatas de 28 años con niños solas: ¡a ver quién aguanta semejante cruz!
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Paulo Coelho. El Zahir

Planeta, 2005
Traductora: Ana Belén Costas

Hace varios meses que me ronda por la cabeza la pretenciosa idea de que, con eso de entender algo más de libros, ya no puedo disfrutar con el típico libro del típico escritor que se recomienda en la típica librería no especializada. No sé bien si para dejarme en ridículo o por la excepción que confirma la regla —que siempre es igual de oportuna— el caso es que una de esas casualidades (1) que tiene la vida me ha llevado a leer por segunda vez el penúltimo libro de Paulo Coelho y ver que me ha conmovido como la primera vez que lo leí, y que el final me ha resultado tan decepcionante como la primera vez, aunque ahora sepa que es por error mío (ya saben, soy una retrógrada) y algunas cosas más que me llevan a la conclusión de que, o he tenido mala suerte con las lecturas que he hecho ajenas a las relacionadas con el temario universitario-pedante, o tengo algunos pájaros en la cabeza y, por tanto, he de irme de cacería antes de volver a hacer afirmaciones categóricas. De todas formas, y esto nuevamente en clave de contarles mi vida, creo que va a ser difícil que algo vaya a entusiasmarme tanto como los noventayochistas. Odio las frases hechas de este tipo, pero supongo que c'est la vie, a pesar de no tener ni puñetera idea de francés.
Me dejo de palabrería y anoto algunos pensamientos que tuve en su día puestos en contraste con los de la segunda lectura. O algo de eso. Mientras leía por primera vez, la historia me absorbió con bastante fuerza y iba pensando que estaba pasando muchas cosas por alto sólo para llegar al final y ver si el escritor protagonista (¿algo autobiográfico?) encontraba a su mujer, o a su ex mujer, o si fracasaba contra todo pronóstico (las historias tienen final feliz y más si son de Coelho). Esas cosas que se van dejando al margen son las enseñanzas que tanto recuerdan a las fábulas intemporales que se estudian en los institutos. Imagino también que, igual que yo me encuentro ante ellas en un término medio —no me resultan repulsivas pero, si son muy abundantes, terminan agobiándome—, habrá quien necesite que se las estén recordando continuamente y quienes tirarán estos libros a la basura porque les den repeluco. Aquí, al contrario que sucede con El alquimista, aunque a la vez con muchos puntos en común (el viaje, el final del viaje, verbigracia), no narra toda una historia para dejar caer en las últimas páginas un consejo lapidario que ponga solución a nuestras vidas. No, parece que va esparciéndolos en prudentes dosis. Eso hace que no cierres el libro queriendo cambiar el mundo (y no siempre porque hayan hecho efecto, ya digo, si lo lee alguien anti-estas-cosas posiblemente quiera asesinar a su madre, pero ya es un cambio).
No es mucho, pero es una de las cosas que más me han impactado. La historia en sí no tiene demasiado interés, por lo que resulta difícil reseñarlo: se explica bastante bien en la contraportada del libro, ¿para qué repetir, pues, con palabras mediocres lo que expertos han resumido de manera adecuada?
Sí voy a destripar, y perdonadme, las primeras páginas, las que no tienen nada que ver con lo que se cuenta (miento, guardan relación con el final) y más me motivaron cuando lo leí, aquella vez hace un año, y ahora: «Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca / debes rogar que viaje sea largo / (...) No has de esperar que Ítaca te enriquezca: / Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.»

(1) Reflexionando sobre esto, acabo de darme cuenta de que, todos aquellos que dicen no creer en las casualidades —que por tanto afirman tácitamente que esas cosas pasan por una razón y están puestas ahí por una mano invisible con una misión concreta— son los primeros que afirman ser dueños exclusivos de su vida y no creen en ningún tipo de Dios. A ver, almas de cántaro, ¿no es un poco contradictorio?
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Luis Mateo Díez. La fuente de la edad

Espasa Calpe, 2003

Ha costado que el libro me enganchase, pero al final lo ha hecho. A mitad, para ser exactos. Todo comenzó con mi cara de jota ante una serie de nombres rodeando un caldero de batracios. Y, para completar el círculo, todo terminó con la misma cara de jota y sin entender nada. Pero no iba a ser únicamente eso. De todo lo demás, es decir: de lo que entiendo, podría hacer una división en dos partes atendiendo exclusivamente a lo que me ha resultado más interesante. Tres si amplío el margen, cosa que no voy a hacer.
Es bien simple el asunto: no erraban quienes decían que el interés de La fuente de la edad estaba, además de en la historia principal, en todas aquellas que iban apareciendo sobre la marcha, por lo que todos los andares en la búsqueda de estos cofrades resultan de alto interés. Primer punto solucionado; pasemos, pues, al siguiente. Ya que si no recuerdo mal, la narración se estructura en tres partes, la siguiente a la que habría que prestarle atención es a la última (la anterior era la segunda; la primera es ininteligible). Aquí ya nos encontramos con todo bien explicadito. Y unas razones más que suficientes para llevar a cabo la acción que, entre otras cosas, me resulta bastante divertida. (Y es probable que no vuelvan a verme utilizar esa palabra en mucho tiempo, conque esto puede ser digno de estudio.)
Yo no consigo establecer grandes relaciones con el contexto histórico, salvo la obvia de que cabronazos hay en todas partes y en cualquiera que sea la época; quizás estén en esas partes que se han quedado a la zaga de mi entendimiento.
Por lo demás, comentarle a mi compañero de mesa, que sé que va a leerme, que es más exagerado que el cinematógrafo. Tampoco se tiene que ir con el diccionario detrás continuamente. Sólo al principio. O a lo mejor es que, una vez te acostumbras, no te das cuenta de las veces que acudes a él, también puede ser...
Cada vez me salen más cortos los bichos estos, estoy perdiendo capacidad de expresión retórica.
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Susanna Tamaro. Donde el corazón te lleve

Seix Barral, 1996
Traductor: Atilio Pentimalli Melacrino

Te quiero dedicar esta entrada porque lo único importante que me he llevado de este libro está relacionado contigo.

A partir de este apunte no es muy difícil deducir que, aunque el balance final ha sido bueno, no me da para mucho más, como suele decirse. Lo que un ejemplar de esta novela contiene son algo menos de dos meses de cartas que Olga, una mujer a punto de terminar sus días, le escribe a su nieta señalando acciones importantes que tuvieron lugar durante su vida y reflexionando sobre ésta. A través de un lenguaje sencillo se tejen una serie de acontecimientos alrededor de la idea de que lo que realmente duele cuando se nos muere alguien no es su vacío, sino las cosas que no le dijimos. (No estoy del todo de acuerdo con tal afirmación, pero dado que la dice más de una vez, no vamos a suprimirla.)

Tenía intención de poner una imagen decente de la portada, pero buscando el nombre del cuadro que dice en el libro, el cuadro ni siquiera coincide con el autor, y lo más parecido que he encontrado es «La liseuse» de Monet, pero sólo se parece, tampoco es ése. En fin, lo siento, si alguien la conoce tampoco está de más que me facilite un enlace, pero como siga buscando voy a acabar odiando el siglo XIX.

Quería ponerla porque, aunque la importancia que le doy a las portadas de los libros que leo es nula, en este caso me parece que es muy representativa, aunque para paisajes impresionistas hubiera escogido a todas luces alguno de otro pintor.
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Antonio Buero Vallejo. El sueño de la razón

Espasa Calpe, 2000

A ver quién lee teatro en los tiempos que corren. Una de las pocas cosas buenas que puede tener que se obligue a leer una serie de libros cada cuatro meses es el descubrimiento de este tipo de cosas:

Sin las acotaciones no sería lo mismo. Y sin las intervenciones entre paréntesis, tampoco. Que yo sepa, Alicante sólo la ha visto representada en su Teatro Principal en una ocasión, allá por 1993. ¡Feliz aquel que la viera! Aludo a la representación no sin motivo: creo que en ella residen la mayoría de las razones por las cuales esta lectura ha sido de mi agrado. No voy a hacer reproches, pero mayor encanto habría tenido si el lector desconociese las palabras de aquellos a quienes Goya no puede escuchar. Como frente a los actores sí se percibirá ese encanto, me callo.
Habiendo hablado de lo que más ha llamado la atención, hablemos, pues, de lo que más llama la atención de la crítica. En efecto, Buero Vallejo logra representar el cuadro de la historia del siglo XX con los protagonistas de un siglo antes; los más conocidos, el rey Fernando VII y Francisco José de Goya y Lucientes. Además —y para esto tomo una expresión que me aburrí de escuchar en boca del profesor de literatura del cuatrimestre pasado— no parece haber demasiadas dudas para afirmar que, en cierta medida, Goya es trasunto del propio autor.
No son pocas las alusiones que se hacen a la obra del pintor aragonés. Ello hace que, al interés literario y lúdico, se sume el interés que pudiera despertar en manos de cualquiera que se sienta atraído por la historia del arte.
Y en esta ocasión todo va a ser bueno. Con la desagradable escena de los Voluntarios Realistas tiene lugar el mejor momento de todo el volumen. Leocadia llorando, Goya humillado. La injusticia, hecha. Y los dos personajes que podrían haber hecho algo por evitar la tragedia aparecen en escena ya tarde. Un final ante el que nada puede hacerse que, para mi agrado, me ha recordado mucho al de las tragedias griegas.
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William Golding. El señor de las moscas

Alianza Editorial, 2006
Traductora: Carmen Vergara

Brevedad y angustia. Estas dos palabras son las que escogería para describir el libro de la manera más sucinta posible. Brevedad, no tanto por lo escueta, que mis cinco o seis horas me ha mantenido con los ojos abiertos, sino por hacer que esas horas fueran poco suficientes para sumergirme en el universo de la novela. Que, dicho sea de paso, lejos está de ser el Quijote de las letras anglosajonas, como dicen por ahí, aunque no pretendo ser yo quien ponga en tela de juicio su calidad literaria.
Y angustia por lo evidente. Que «los seres humanos damos asco» es lo menos indecoroso que se me vino a la mente cuando había recorrido las últimas líneas del penúltimo párrafo (ya en la página 339), perpleja. No era la primera vez que lo pensaba.
Lo más evidente que puede decirse es que se trata de un libro que lleva a la reflexión, con un intenso momento de incomprensión e histeria en el capítulo nueve que sirve como corolario a todas las sensaciones que despierta. Y esto es a lo que me refería en el párrafo anterior. Es, probablemente, el capítulo más duro.
Aspectos estilísticos mejor verlos después de la trama argumental:

Un grupo de ingleses, de entre 6 y 12 años, se encuentra solo en una isla, sin la certeza de que vayan a ser rescatados —y no sé si esta concordancia ad sensum estará permitida.
La pérdida de la inocencia se va haciendo cada vez más evidente entre las dudas, el odio y los intermitentes momentos de incomprensible tristeza. La «escisión» del grupo enfrenta al lado salvaje del ser humano y al racional.
Sobre las distintas lecturas que se han dado, poco puedo decir. La agresividad como algo propio del ser humano o como defecto que se saca a relucir al levantarse el cerco de unas leyes morales represivas. Quizá un poco de ambas.

Y ahora sí, estilísticamente tengo poco que objetar. No me resultan desagradables las paradójicas descripciones de la belleza de la isla frente a la crueldad de los hechos que allí se iban aconteciendo, pero tampoco las hubiera echado en falta. Sí me parecen un intento por descafeinar el asunto que simplemente llama la atención, aunque también acompaña a que la destrucción de lo más bello que encuentran aquellos niños en la isla tenga ciertas reminiscencias simbolistas. En fin, fuego y humo.
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Lupus homini lupus.

Y además vuelve a resurgir de sus cenizas, como el águila ésa, el Phoenicoperus. Aviso, no obstante, que si no se trata usted de un amigo político difícilmente podrá leer algunas de las entradas que escriba. Es decir, que o se trata de un usuario de Livejournal a quien tenga en mi lista de amigos, o se aburrirá. También debo decir que se aburrirá igualmente, pero bueno, per si de cas.

Aprovecho para anunciar un proyecto que voy a intentar realizar. Hay un grupo de gente que se dedica a leer 50 libros al año y reseñarlos en sus bitácoras; ya que el año tiene 52 semanas y éste ya está algo entrado, me he propuesto hacer 40. No creo que lo consiga, pero lo intentaré y así podrán cerciorarse de mi mal gusto para elegir libros y mi pésima labor como crítica literaria.

Hasta más ver.

N.B.: Si alguien sabe cómo hacer que el texto de la entrada sea justificado en lugar de estar alineado a la izquierda, ruego me lo comunique.