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Entre palabras, sentimientos y razones

Le dije que no era cierto,
me dijo que no era mía.



Es la primera vez en este blog que no pongo un título extraído de algún poema de Bécquer, pero ya que se trata de exponer un relato de mi propia cosecha, no creo que procediese hacer el cambio de título, así quedaba más personal. Aunque alguna persona ya lo ha leído, espero que os guste.


Entre palabras, sentimientos y razones

(20 de febrero de 2006)

“En una ocasión mencioné algo acerca de una rosa y sus espinas. Seguramente nadie me escuchó. Triste poesía agonizando cada vez que intento pronunciar su nombre.” Así se encontraba la mente del poeta, divagando como tantas otras veces. Cansado de la vida y de la muerte, ante el humo de un cigarro. “Se encontraba en un jardín, siempre vacía, a pesar de no encontrarse en tierra yerma, pues lo cierto era que la rodeaban otras muchas flores. Pero ninguna igualaba su belleza. Ninguna. Ninguna que inspirase tal ternura.”

Se extinguió el humo, ya no había mas que una colilla y no se encontraba con ánimos de recurrir al alcohol como inspiración, esta vez ya no. Inmerso en su tristeza como única compañera que siempre se había mantenido fiel, continuó escribiendo. “No quería vivir. Hastiada de convivir con su desolación tampoco era capaz de abandonar aquel lugar.” Lo cierto es que él tampoco, estaba atado a sus escritos y no encontraba en ellos mas que nostalgia. “Miraba a sus alrededores y observaba con dolor la vegetación que jamás la alcanzaría, la verde yerba por la que se veía rodeada. Fría prisión, y con ella un jardín de colores tal vez demasiado apagados o de excesiva viveza. Y ninguno tan elegante como su intenso color rubí. Destacaba por ser la única de su noble estamento, y quizá por eso odiaba pertenecer a él, condenada a permanecer siempre solitaria. Poca gente permanecía a su lado algo de tiempo.” Exactamente igual que él, pero de manera distinta. Había caído en la trampa y ahora contemplaba unos hielos al final de un vaso vacío, y los fantasmas de aquellos a quienes en alguna ocasión hizo daño comenzaron a atormentarle. “Sí, ella se sentía ahogada en las lágrimas que no podía derramar. Las mismas que otros, inocentes, derramaron al intentar tocarla. Se sentía culpable, pero no lo era. Formaba parte de su naturaleza, una estrategia para que nada mancillase su doncellez. Virginidad que debía guardar como las musas de la antigüedad para servir de inspiración a dioses en los que no creía, y a poetas que jamás tendrían el derecho de poder acercarse a ella.” Él sabía que era uno de estos últimos. Decadencia era el nombre de su alma, y el de ella, ... (silencio).

“Preguntabase por qué, y nadie le respondía. ¿Y quién tendría el arrojo de dirigirse a un ángel? Intentaba mirar en su interior pero sus propias espinas se lo impedían, sintiendo grandes punzadas en sus finos pétalos. Por sus entrañas habitaban los secretos del mundo y gracias a ello, aún sin aparente capacidad, podía expresar con su mirada.” Cerró los ojos, y al fin pudo verla, en aquella soledad ficticia. Se estremeció; lo hicieron su cuerpo, su espíritu y el mundo. Ese mundo que le separaba de ella. Recobrando la lucidez descubrió que la amaba, y no podía decírselo. En aquel paraíso ella sentía que era menos que el vacío y en el infierno había llenado el mundo de un corazón demasiado dolido como para pasar una vez más por lo mismo sin que terminara consumiéndole. Lo más difícil para él era no poder expresarle todo lo que ella significaba, resignado a verla así, queriendo cambiar su mundo y creando nuevas espinas –sin desearlo- que le alejaban cada vez más de su destino. Siempre intentó hablar con ella en silencio, a través de su inspiración y sus poemas, en un intento de acercarse y poder rozar su corazón. Cada noche recordaba el fragmento de una canción y se lo recitaba a escondidas: “Te esperaré en la próxima vida, donde podamos estar juntos. Estaré esperando ese momento en el cielo. Te lo prometo, te lo prometo.”

Nunca supo si sus palabras fueron escuchadas.

Dedicado a la mujer de mi vida.
Tags: relatos
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