Leithient (akivah) wrote,
Leithient
akivah

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Senatus populusque romanus

Sola estás y una vez más
siempre intentando olvidar.


Tras algunas peticiones paso a resumir los hechos más relevantes del viaje de fin de curso a Italia. Ha habido cosas buenas, cosas menos buenas y lo más abundante, cosas nefastas. Ahora que estoy en casa me parece todo bastante divertido, pero en fin, ha sido un viaje que quedará grabado en mi memoria como ejemplo de lo que nunca ha de volverse a repetir.

DÍA 1.- Llegamos por la noche al colegio para subir a los autobuses. Lo primero que sucede es que tanto yo como Andrea (la nombro porque va a ser un factor bastante repetido a lo largo de todo el viaje) nos tenemos que ir marginadísimas al autobús de los macarras chungos porque nuestros "amigos" no nos guardan sitio. Y no, no fue por tocamiento de huevos, había que rellenar un papel antes de subir al autobús y el resto de personas se nos adelantaron. Yo pasé las muchas horas de viaje a Madrid escuchando música porque ver Scary Movie no me atraía demasiado. En el autobús vecino el sacerdote que nos acompañaba repartió rosarios que brillaban en la oscuridad.
Una vez en Roma, con varios problemas gracias a que me tocó ser mujer, nos dieron una vuelta en autobús donde nos enseñaron todos los monumentos, a mi juicio bastante más feos que en los libros, que íbamos a visitar y, muy amables ellos, nos dieron también una canción gregoriana a la virgen. A la hora de comer, después de andar durante una hora y no encontrar un maldito aseo mi estado de ánimo podía resumirse en grrr y me destrocé los nudillos mientras el resto iba a comer. Llegamos al hotel y por muy poco no nos tocó dormir con dos de las macarras del autobús porque entre nuestros "amigos" y los macarras nos habíamos vuelto a quedar fuera del lote; nos salvaron los profesores, que se ve que la cara de comeniños ayuda a que intenten evitar que yo asesine a las compañeras de habitación mushroom (champiñón). La habitación cojonudísima, eso sí.

DÍA 2.- Salvo por los desayunos, confirmo que Roma es una putísima mierda. Visitamos un Coliseo destrozado y convertido en un casi parque de atracciones y unos foros con un guía homófobo y machista. Pienso en suicidarme. Después de comer los profesores-guía nos abandonan a la hora de cruzar un semáforo, hacen que medio grupo se descuelgue del resto, se pasan por el forro de los cojones la programación de visitas y hacen ellos solos con unos cuantos las dos únicas visitas que me interesaba ver de Roma. Andrea y yo, junto a otro chico, nos dedicamos a ver Roma. Por la noche descubro lo mala que estaba la botella de Sambúcar que se me ocurrió comprar (WhiteFang debió dar marcas) y que ser vegetariana es un inconveniente gordo.

DÍA 3.- Destacable lo desquiciante que fue la elección del sitio sobre comer junto con la alegría de ver a la preciosa chica que estaba de camarera en el restaurante cutre al que fuimos a comer. También destacable el trauma que me supuso saber que la talla L de una camisa me quedaba pequeña. San Pablo es, con diferencia sobre el resto, el personaje histórico al que borraría de los libros de historia con gusto, por aquel día ya odiaba a la Iglesia y todo lo que la rodeaba con toda mi alma.
La alegría del alcohol que ingerí esa noche fue mítica, como míticos fueron mis intentos de enseñar un sujetador a las chicas de la habitación de al lado (compañeras de clase, que no hice ninguna burrada) sin éxito. Me alegra mucho haber encontrado esa noche un hueco para poder escribir, aunque fuese en el WC.

DÍA 4.- Día que llegamos a Florencia. Gran mierda de hotel, camas de piedra. Eso no estaba duro, eso era una piedra. Vidé con pelos y ducha en el centro del aseo con un agujero en el suelo.
Aquí otra mención. Esa tarde vi a una de las chicas más guapas que he visto en mi vida. Tenía una camiseta rosa, pero da igual, esa chica no era normal, era un ángel. Qué bonita (cara sonriente).

DÍA 5.- Mosqueo monumental arrastrado de por la noche gracias a los horarios, que fueron cojonudos porque no pudimos ver nada interesante debido a las colas (otro momento grrr), pero fue compensado con que ese día tuve la mejor comida de mi vida que yo recuerde; el sitio era barato y era muy elegante. Elegante a mi manera, claro, sobrio y tal. Comí con vino, que siempre he querido hacerlo, la comida era perfecta (pizza y tal, muy buena) y la compañía fue con quien realmente quería comer y en un plan muy tranquilo y agradable.
Me atrevería a decir que fue el mejor día porque de camino a Lido de Jesolo (Venecia) hablé con otra persona a la que hay que hacerle una mención especial. Esa noche fue la peor de todas, por motivos que prefiero reservarme, pero me di cuenta de que fue bastante error hacer el viaje sin esa persona.
Lo del hotel prefiero ni contarlo, fue el primero de los dos cabreos que pillé en los que me puse a gritar en el autobús, aunque el papel de energúmena todavía no me tocaba hacerlo. Asco de "amigüitos" que pasan de ti a la hora de hacer las habitaciones. Por suerte, salieron bastante bien aunque tuvieran que ser de cuatro personas.

DÍA 6.- Otro día de inspiración no contenida. Este fue otro de los mejores días porque todo era precioso (demasiado precioso) y como Andrea y yo decidimos pasar del resto del grupo no tuve ningún mosqueo (una ley universal es que en Venecia es imposible enfadarse y comportarse de forma vulgar). Lo que le pasa a esta ciudad es que los sitios famosetes como el puente de los suspiros y demás, entre que están llenos de gente y no son ninguna maravilla hacen que la ciudad parezca que no vale, pero luego te vas un poco a tu bola y ves cosas bonitas, que no están excesivamente llenas de turistas y en las que parece que estés en una nube de algodón al estilo de mis poemas más cursilistas. Vimos un museo muy majete, eché de menos a una persona y me tuvieron que invitar a comer porque se me acabó el dinero que me había llevado. (Soy única.)

DÍA 7.- De aquí sólo voy a mencionar las partes festival de humor. Se ve que pasó algo en el autobús con un martillo y además uno de los asientos estaba picado, así que el conductor no tuvo nada mejor que hacer que ponerse en el papel de perito y llegar a la conclusión de que le teníamos que pagar 150 euros, todo eso descojonándose en nuestra cara mientras se fumaba un cigarro dentro del autobús. Total, que como no le pagamos y me despedí de él con un corte de manga me llovieron unos cuantos insultos en italiano cuando estábamos en el aeropuerto de Milán.
En Madrid nos tiramos dos horas en el aeropuerto por cosas del dinero y tal. Así que hasta el último día estuvieron sucediéndose avatares continuamente. Aburrirnos desde luego que no nos aburrimos.

ANEXOS.- No recuerdo los días exactos. Descubro lo imbécil que se ha vuelto (¿sigue siendo?) la primera chica que me gustó y que los chinos turistas son unos desgraciados que se merecen una patada en los cojones y yo soy una abuela que tiene que irse a hacer bolillo por lo menos.
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